LA CONQUISTA DE TENERIFE - Acontecimientos - Tenerife

La conquista de Tenerife

La conquista de Tenerife
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El adelantado Alonso Fernández de Lugo inició la conquista de Tenerife el 1 de mayo de 1494 después de varios intentos fallidos. Tenerife era la única isla no conquistada por entonces, después de que el propio Fernández de Lugo hubiera dirigido la colonización de Gran Canaria y La Palma. Los propios Reyes Católicos impulsaron esta campaña que se prolongó durante dos años y que comenzó con el desembarco de los castellanos en la costa de Santa Cruz de Tenerife, muy cerca del casco histórico de la ciudad. Por entonces la isla estaba dividida en nueve reinos gobernados por menceyes: Cuatro de ellos pactaron con los conquistadores, pero otros se resistieron. La expedición castellana estaba formada por varios centenares de personas, entre españoles y canarios de otras islas, y desde un primer momento establecieron dichos pactos amistosos con los llamados reinos de paces: Güímar, Adeje, Abona y Anaga. Acampados en La Laguna de Aguere, en un lugar que desde entonces recibe el nombre de Gracia, se entrevistaron con el líder de los reinos de guerra, Bencomo. Ante la exigencia de sumisión del Adelantado, el mencey Bencomo contestó que si venía en son de paz fuera bienvenido, y que en caso contrario abandonara la isla o habría lucha.

Desoyendo la advertencia del líder guanche, los españoles se adentraron hasta el Valle de La Orotava en busca de ganado. Al regresar, fueron emboscados y derrotados por los aborígenes en la conocida batalla del barranco de Acentejo. Esto hizo retroceder a los conquistadores a Gran Canaria, si bien regresaron en 1495 y se impusieron por la fuerza después de derrotar al pueblo guanche en las batallas de La Laguna y La Victoria de Acentejo. Una epidemia de peste que afectó a la población guanche disminuyó notablemente la población aborigen. Finalmente en febrero de 1496, la isla de Tenerife pasó a formar parte de la Corona de Castilla. Muchos de sus habitantes fueron convertidos en esclavos, a pesar de que en 1434 el Papa Eugenio IV había prohibido el comercio de esclavos con habitantes de las islas Canarias. Las últimas operaciones de la conquista se limitaron a destruir la escasa resistencia que quedaba en Tenerife, a capturar esclavos y reunir ganado. En 1511 se ordenó la puesta en libertad de los guanches cautivos.