Flora y Víctor son unos padres perfectos: modernos, divertidos y cariñosos, pero todo se complica cuando deciden divorciarse y aparece para cada uno de ellos la oportunidad laboral de su vida, a la que nunca habían podido optar por haber formado una familia y dedicarse plenamente al cuidado de los hijos: Víctor dirigiendo su propio estudio de arquitectura y Flora viajando como médico voluntario a África.
Alexia, Sara y Juan deberán soportar los titánicos esfuerzos de sus progenitores para convencerles de que vivir solos con cualquiera de ellos sería un infierno. La pareja luchará con uñas y dientes para NO OBTENER LA CUSTODIA de sus tres hijos y así poder alcanzar esas metas profesionales. Así que, por orden de la jueza, los niños tendrán que decidir con quién se quedan: con mamá, o con papá. Ninguno de los padres está dispuesto a ceder. A partir de este momento, los excónyuges modélicos se enzarzan en una guerra en la que no habrá tregua…pero el roce hace el cariño.