VALLE DE LA OROTAVA - Rutas en coche - Tenerife

Valle de La Orotava

Recorrido por La Orotava, Puerto de la Cruz y Los Realejos
POR EL VALLE DE LA OROTAVA
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El Valle de la Orotava, entre la Cuesta de La Villa, junto a las laderas del municipio de Santa Úrsula, y el escarpe de Tigaiga, en Los Realejos, ocupa un lugar de honor en la geografía y la historia de Tenerife. Este majestuoso valle, cuya hermosura y excepcional clima han atraído durante siglos el interés de científicos naturalistas llegados de todos los confines del mundo, albergó también el nacimiento del turismo en Tenerife.

En el pasado su visita requería un largo y penoso viaje a caballo desde el puerto de Santa Cruz o desde Garachico.

Hoy, la moderna autopista del norte (TF-5) es la vía para llegar hasta el también conocido como Jardín del Teide. Para disfrutar de una de las mejores panorámicas del valle y de sus municipios de La Orotava, Los Realejos y Puerto de la Cruz es aconsejable llegar hasta el mirador de Humboldt, en la carretera TF-211. Una visita al Valle de la Orotava no puede prescindir de un paseo por el casco histórico de la ciudad que le da nombre. La Villa de La Orotava, en el municipio más extenso de la Isla, conserva una de las mejores muestras de la arquitectura civil y religiosa de Canarias. La riqueza y diversidad de este patrimonio histórico ha merecido que su casco histórico sea considerado Conjunto Histórico Artístico por el Gobierno Central y debido a su riqueza arquitectónica "Inventario de Protección del Patrimonio Cultural Europeo". Son tantos y tan atractivos los edificios de interés que lo más apropiado es pasear por sus empedradas calles y no dejar de entrar al interior de aquellos que están abiertos al público, desde iglesias a museos, tiendas y centros oficiales. Para ello, el mejor punto de partida es la plaza del Ayuntamiento. Desde allí se pueden visitar las bellas iglesias de San Agustín, de la Concepción, declarada monumento histórico nacional; de Santo Domingo y de San Juan. El convento de San Antonio Abad, hoy reconvertido en Casa de la Cultura, las casas de Lercaro y de Los Balcones, una magnífica mansión del siglo XVIII, el Liceo Taoro, el Jardín Victoria, la Hijuela del Botánico y los molinos de gofio son otras paradas imprescindibles en esta ruta. Referencia importante son también sus museos, como el de Artesanía Iberoamericana, ubicado en el antiguo convento de Santo Domingo, que expone más de 7.000 piezas de artesanía de América y España.

Si La Orotava está situada en la parte alta del valle, Puerto de la Cruz ocupa la mayor parte de la costa. El Puerto, como lo llaman los tinerfeños, es un enclave turístico de primera magnitud. Destino vacacional pionero en Europa, en el siglo XVII fue escogido por la corona de Castilla como sede del Jardín Botánico de Aclimatación para Especies de América y Asia por la excepcionalidad de su clima. Puerto de la Cruz conjuga con equilibrio su origen de pueblo de pescadores y comerciantes portuarios con su pasado y presente turístico. Un recorrido a pie por su siempre festivo casco urbano nos llevará desde el Lago Martiánez, una original creación del artista canario César Manrique, hasta la concurrida plaza del Charco. La ermita de San Telmo, la plaza de Europa, la Casa Miranda, la de los Iriarte, el antiguo hotel Marquesa, la iglesia parroquial de la Peña de Francia y la Casa de La Aduana, hoy sala de exposiciones y tienda de artesanía, son los puntos de mayor interés para quienes logren sustraerse al permanente bullicio de sus calles y de sus elegantes terrazas. La visita puede iniciarse en los espléndidos jardines del Parque Taoro o en el mirador de la Paz. En ambos casos, la magnífica vista de la costa recompensa el paseo. La franja costera del municipio termina en su vertiente oeste en otra gran creación arquitectónica de César Manrique: Playa Jardín, de 700 metros de longitud entre el castillo de San Felipe y el pequeño enclave pesquero de Punta Brava.

Desde el mirador del Lance, en la carretera que lleva a Icod del Alto, ya en el término municipal de Los Realejos, la panorámica de la costa es excelente. Los Realejos combina su tradición agrícola y festiva con la belleza de sus parajes naturales. En la zona del Realejo Alto está la iglesia de Santiago Apóstol, que fue el primer templo cristiano erigido en Tenerife, y en el Realejo Bajo, la Hacienda de los Príncipes (S.XV) que contó con el primer ingenio azucarero de Tenerife. Un tríptico perteneciente a la escuela flamenca de principios del siglo XVI enriquece su patrimonio desde poco después de su construcción. Muy cerca de la costa, la Rambla de Castro constituye uno de los parajes naturales de mayor encanto, magnífico escenario para la práctica del senderismo y otras actividades en la naturaleza. Aquí está el viejo Fortín de San Fernando, y el Elevador de Agua de la Gordejuela. La cercana playa del Socorro, escenario idóneo para la práctica del surf, invita al baño.

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