EL INICIO DE LA CONQUISTA DE CANARIAS - Acontecimientos - Tenerife

El inicio de la conquista de Canarias

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Tanto Homero como Hesíodo hablaban en sus escritos de unas islas ubicadas más allá del Estrecho de Gibraltar a las que llamaban las Hespérides. Se las consideraba un paraíso terrenal, y es posiblemente una de las primeras referencias que se tienen de la existencia del archipiélago canario en la antigüedad. Uno de los primeros testimonios fiables sobre las Islas se lo debemos a Plinio, que en el siglo I, nos habla de una expedición enviada por el mauritano rey Juba, de la que le llevaron como recuerdo de la aventura, unos enormes perros de los que se deriva el nombre del archipiélago: Canarias, de can o canes. Algunas hipótesis indican, además, que los fenicios y los romanos, llevados por su interés comercial, llegaron a Canarias en diferentes viajes de exploración.

El contacto con las islas Canarias se retomó en el siglo XIV, con la visita de Lancelloto Malocello a la isla de Lanzarote, a la que se cree que dio el nombre. El príncipe Luis de la Cerda obtuvo en 1344 una bula emitida por el Papa Clemente VI que le otorgaba el señorío de las islas Afortunadas, junto al nombre de Príncipe de la Fortuna. Como curiosidad, cabe destacar que este noble francés nunca pudo desplazarse a Canarias.

Tras estos tímidos acercamientos al archipiélago, se inició una campaña militar con el objetivo de conquistar Canarias. Esta conquista duró prácticamente un siglo, desde que en 1402 Jean de Bethencourt llegaran a Lanzarote hasta que se culminara el proceso colonial en 1496. La fuerte resistencia que ofrecieron algunas islas, la escasez de medios económicos por parte de los conquistadores y la falta de riquezas en Canarias que motivaran a los navegantes europeos fueron algunas de las razones de que este periodo de la Historia de Canarias durara varias décadas. El normando Jean de Bethencourt y su socio Gadifer de Salle pactaron con los aborígenes de Lanzarote, llamados majos, al poco tiempo de llegar a la isla en 1402. Entonces el conquistador solicitó la protección de la Corona de Castilla, de manera que la isla quedó bajo su soberanía. Lo mismo ocurrió con Fuerteventura y El Hierro, cuyos habitantes se rindieron porque la población ya estaba muy castigada por incursiones anteriores.