Desde el noroeste de Tenerife, Icod de los Vinos se abre al visitante para sorprenderle con un territorio plagado de diferentes y hermosos rincones naturales, que se inician en el mismo Teide y descienden hasta la playa de San Marcos, cubierta de una fina y brillante arena negra. El tubo volcánico más grande de cuantos han sido topografiados en el mundo, la llamada Cueva del Viento, es otro de sus atractivos naturales,
de entre los que destaca por su imagen emblemática y por su porte el ya célebre Drago Milenario, símbolo de la ciudad e inspiración de pintores y poetas a través de la historia.
Icod de los Vinos, de exquisita producción vinícola y rico en plantaciones plataneras y hortofrutícolas, cuenta, además, con una interesante arquitectura civil y religiosa, herencia de su esplendoroso pasado. Son lugares para conocer la plaza de La Pila, el parque de Andrés de Lorenzo Cáceres, el ex convento franciscano del Espíritu Santo, la Iglesia Matriz de San Marcos y su Museo de Arte Sacro; las iglesias de Las Angustias y San Agustín, y un buen número de casas solariegas y ermitas repartidas por el municipio.
Las fiestas tradicionales de Icod de los Vinos merecen ser vividas: la de los cestos y bollos, en Santa Bárbara; el baile del Tajaraste, en El Amparo o los hachitos de San Juan. Mención especial para la víspera de la fiesta de San Andrés con la bajada de las tablas.