Noviembre: mes de vinos

gastronomia_vinos_bodegas-monjes_el-sauzalimg_0470Noviembre es el mes del vino, y en Tenerife se vive con especial intensidad coincidiendo con la apertura de las bodegas el 29 de ese mes, Día de San Andrés.

Esa jornada, en Icod de los Vinos, al norte de la Isla, los jóvenes se lanzan sobre tablas por las empinadas calles de la localidad, en un descenso frenético que merece la pena contemplar. Se trata de una actividad muy arraigada que concentra a participantes y curiosos en un agradable ambiente festivo.

En Puerto de la Cruz se celebra también ese día la conocida como fiesta del Cacharro y la Castaña. En la plaza del Charco comienza un ruidoso y animado recorrido de los vecinos con cacharros y objetos viejos por las calles.  Al término del mismo tiene lugar la Castañada, oportunidad idea para degustar productos típicos: castañas, gofio amasado, cherne, vino o batatas. Citas ineludibles para el viajero que desee conocer las arraigadas tradiciones isleñas.

Los vinos de la Isla

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En Tenerife, la tradición vinícola se remonta quinientos años atrás. En 1497, el portugués Fernando de Castro plantó la primera viña en el suelo de Tenerife, atraído por la fertilidad de sus suelos volcánicos. Poco sospecharía entonces de que sus cultivos serían el inicio de toda una cultura vitivinícola que permanece hoy en día. Ya en el siglo XVI los vinos de Tenerife se exportaban a Europa desde el norte de la isla, y fueron apreciados por autores tan prestigiosos por como Shakespeare o Walter Scott: ambos incluyeron referencias al vino tinerfeño en algunas de sus obras.

Para acompañar la comida, el postre o simplemente con una tabla de quesos canarios, el vino de Tenerife es la mejor elección. Blancos, rosados, tintos o Malvasías, todos llevan en su sabor el clima y la particular geología de la Isla. Un centenar de bodegas ofrecen en Tenerife la oportunidad de tomar una buena copa de vino en un entorno privilegiado, ya sea en sus propias instalaciones o en los restaurantes en los que se ofrece su producto.

El cuidado de una producción que ha implantado modernas técnicas respetuosas con el medioambiente, y que a la vez mantiene métodos tradicionales -especialmente en la recogida de la uva, realizada con especial mimo-, producen unos vinos de aromas y sabores especiales que son el acompañante ideal para los platos de la cocina tinerfeña. Se trata de unas elaboraciones de gran tipicidad, resultado del carácter volcánico y atlántico de Tenerife.

La Isla cuenta con cinco comarcas vitivinícolas diferenciadas: Tacoronte-Acentejo, Ycoden-Daute-Isora, Valle de la Orotava, Valle de Güímar y Abona. En estas zonas, la rica tierra volcánica en la que se cultivan las vides les proporciona un carácter especial y matices diferentes.

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