Escucha la llamada de lo rural

Experimentar la vida del campo en Tenerife es regresar a uno mismo

Quienes pasan sus días entre atascos de tráfico o recorriendo en metro la distancia de casa al trabajo y del trabajo a casa anhelan que, aunque fuera mínimamente, la vida transcurriera un poco más despacio. Quizá no todo esté perdido y sea posible hallar ese estado de ánimo en el que la serenidad se impone a las prisas en el cosmos que representa lo rural. El estilo de vida del campo, que alguna vez pudo parecer demasiado sosegado para los inquietos espíritus urbanitas, ha ido renaciendo con todo su atractivo. Nadie discute que es el refugio al que pueden dirigirse después de gritar bien alto y fuerte: “¡Paren el mundo que yo me bajo!”, aunque sea por los días que se prolongan unas vacaciones.

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Tenerife está plagado de rincones en los que alejarse del ruido de la urbe. Donde descubrir placeres insignificantes que, sin embargo, lo significan todo. Como sentarte en el porche de una casita de campo a observar la hierba mecida por la brisa mientras tomas a sorbitos tu café con leche caliente. O acomodarte en la antigua mecedora a devorar un libro como si no hubiera un mañana, sin mirar el reloj ni el móvil a comprobar si te ha entrado un nuevo wasap. Para alguien que no tiene tiempo ni para detenerse a pensar durante el resto del año, momentos así son regalos caídos del cielo.

Una casa rural, el castillo de tu reino

La naturaleza de Tenerife ofrece opciones para descubrir lo diferente que puede ser un paisaje de pinos canarios de otro de tupidos bosques de laurisilva. Te brinda la oportunidad de acariciar una cabra mientras el ganadero te enseña cómo la ordeña para después elaborar con sus propias manos un queso fresco delicioso. Puedes saciar tus ansias de aventura al aire libre lanzándote en parapente desde la Corona Forestal con El Teide de testigo de tu salto épico. Y para alimentar el alma, visitar una bodega en la que conocer cómo (demonios) se puede hacer un vino tan rico, original y diferente de cualquier otro que hayas probado antes.

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Experimentar todo eso al cien por cien, y poder de paso acercarte a pequeños pueblos y caseríos a descubrir cómo vivían los canarios de antes, a ser uno más en sus fiestas y tradiciones, lo otorga plenamente el alojarte en una casa rural. En la isla existen casi tantos alojamientos rurales como para quedarse en uno de ellos por cada día del año. Si de entre todos tuviéramos que elegir cuatro —y solo cuatro—, te recomendaríamos los siguientes, que además son los que poseen el reconocimiento Q de calidad que certifica el alto nivel de sus servicios:

Rural Las Llanadas

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Son cuatro casitas con finca situadas en una zona de medianías con cultivos de papas bonitas y frutales. Están en medio de una zona de laurisilva, con increíbles vistas panorámicas  sobre el Valle de la Orotava. A tu disposición tienes actividades como senderismo, alquiler de bicicletas de montaña, rutas a caballo o parapente.

Finca La Majadera

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La Majadera tiene ese encanto especial de las casas de las medianías canarias: sencilla, acogedora y sobre todo, cálida. Su ambiente familiar, el estar rodeada de campos de cultivos (papas, viñas, frutales)… es un lugar encantador y perfecto para olvidarse del mundo.

El Patio de Tita

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Ofrece al visitante un nuevo concepto de turismo, enfocado al agroturismo rural y a una oferta gastronómica que promueve el consumo de productos autóctonos. La vivienda data del siglo XIX, con seis apartamentos a disposición de los huéspedes.

Finca El Picacho

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Un complejo de casas de labranza típicas canarias del siglo XIX  y situadas en un valle que se asoma al mar de hermosos y apacibles atardeceres. Cuenta con sendero privado  hasta la cima del Picacho de Los Lazaros, paraje natural en un entorno de viñedos y agricultura tradicional.

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