Los destellos del volcán iluminan Garachico

Te proponemos una estancia en este coqueto pueblo del norte de Tenerife para vivir los Fuegos del Risco, y de paso, conocer otros muchos de sus encantos

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Los gatos tienen siete vidas; Garachico, dos. Este pueblo del norte de Tenerife volvió a nacer en el año 1706, cuando el volcán de Trevejo decidió despertar y arrasar con la villa y puerto a base de expulsar lava y fuego. Casi todas las edificaciones quedaron destruidas en la erupción (que afortunadamente no causó víctimas). Sus tenaces habitantes reconstruyeron el pueblo con un esmero y cuidado exquisitos, y hoy es uno de los más bonitos y mejor conservados de Tenerife. Pero el volcán sigue presente en la conciencia colectiva de los garachiquenses.

Garachico celebra cada cinco años los Fuegos del Risco en conmemoración de aquel episodio. Lo hace con una exhibición pirotécnica y la escenificación de la erupción a través de bolas incandescentes que ruedan ladera abajo. Un espectáculo para la vista que este año tiene lugar la noche del domingo 2 de agosto, y que justifica una estancia en la localidad durante varios días para conocer este y otros muchos de los encantos que aguardan al viajero.

Te recomendamos venir un par de días antes, ya que dentro del programa de las Fiestas Lustrales de la localidad, que arrancaron el 23 de julio y que contienen innumerables actividades que se prolongan durante más de un mes, encontrarás alternativas que seguro te agradarán. En todo caso, como mínimo deberías estar aquí el jueves 30, para que cuentes con tiempo suficiente para disfrutar de diferentes experiencias.

Elegir dónde alojarte no es problema, con diferentes opciones asequibles y a tu medida. El pintoresco y valioso casco histórico de Garachico acoge varios hoteles boutique que aseguran una estancia placentera y con todas las comodidades. Tienes el hotel San Roque, una casona señorial remozada con gusto y con servicios de primera categoría, o la Quinta Roja, otro edificio histórico que se levanta en plena plaza de San Francisco, en el mismo corazón de Garachico.

El primer día, una decisión estupenda es darte un paseo tranquilo para explorar las callecitas del pueblo y detenerte a admirar sus iglesias, casonas y plazas. Por supuesto, es obligatorio acercarse a la costa para darte un baño en las piscinas naturales de El Caletón, una de las consecuencias, en este caso positivas, de la lava emanada por el volcán.

Para los espíritus aventureros, adentrarse en los espacios naturales que rodean Garachico es una propuesta totalmente recomendable. Si eres alguien acostumbrado a hacer senderismo puedes ir por tu cuenta, aunque quizá, si deseas conocer profundamente el terreno, su historia y naturaleza, lo más acertado sea contactar con alguna empresa especializada en actividades al aire libre, que además de proponerte diferentes rutas y actividades, te proveen de guías expertos. El Cardón Naturexperience y Abeque Experience son dos de las mejores opciones.

Uno no termina de conocer bien un lugar si no prueba su gastronomía. Igual que la del resto de la Isla, la cocina en Garachico es fresca y original, y se basa en los productos de la tierra y en las recetas tradicionales. El Mirador de Garachico, o el restaurante Ardeloa ofrecen una experiencia enriquecedora. Para algo más ligero pero igual de sabroso, no te deberías perder la tasca Mar y Luna, en el cercano Buenavista del Norte.

 

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