HISTORIA Y ORÍGENES DEL CARNAVAL DE SANTA CRUZ DE TENERIFE

ORÍGENES DEL CARNAVAL

Los estudios sobre el término Carnaval son diversos, de forma que algunos expertos consideran que éste proviene del latín medieval carnelevarium (quitar la carne), en referencia a la prohibición religiosa de consumo de carne durante los cuarenta días de la Cuaresma, mientras que otros estudios sitúan el término en el barco sobre ruedas (carrus navalis, que se pronunciaba car navalis) que el sacerdote del dios Baco conducía durante las bacanales romanas. Aunque los distintos estudios no coinciden en hallar una única raíz a la fiesta del Carnaval, sí es cierto que los historiadores coinciden en definirla como una fiesta pagana previa al Cristianismo, cuyos ritos y costumbres fueron después asimilados por los pueblos cristianizados. Sea cual sea el origen al que se haga referencia –fiestas en honor de dioses sumerios, egipcios, romanos o griegos–, todos los expertos convienen en que se trataba de fiestas en las que se rompía la norma y las exigencias sociales preestablecidas, convirtiéndolas en las fiestas de la libertad, la expresión pura de la alegría y la práctica del desenfreno. El Carnaval sobrevivió a los vanos intentos religiosos por erradicar la celebración durante la Edad Media y a posteriores intentos del poder monárquico, de forma que se mantuvo la tradición hasta nuestros días en muchos lugares del mundo, si bien tomó formas y costumbres diferentes según cada país.

Actualmente, muchos carnavales tienen un marcado sentimiento popular, alejado de su origen religioso, que atraen a los turistas por su especial impronta, como son el de Santa Cruz de Tenerife, el de Río de Janeiro y el de Venecia, entre otros.

HISTORIA DEL CARNAVAL EN SANTA CRUZ DE TENERIFE

Como expresión de la cultura europea, el Carnaval fue transmitido por España y Portugal a sus colonias americanas y, en su camino al Nuevo Continente, llegó a Tenerife a mediados del siglo XVI, si bien los historiadores no han encontrado referencias directas a la celebración más allá del registro de prohibiciones de su práctica. Según viajeros y cronistas de la época, el Carnaval en el siglo XVIII se disfrutaba tanto entre las clases pudientes, con bailes y fiestas, como entre el pueblo, con celebraciones bulliciosas, a pesar de la prohibición de las autoridades eclesiásticas y civiles de realizar bailes y bromas de máscaras en la vía pública. En el siglo XIX, el baile continuó siendo el festejo más característico del Carnaval, si bien se fueron creando nuevos tipos de actos festivos, como cosos, exhibiciones artísticas y concursos. Además, desde finales del siglo XVIII y en los primeros años del XIX se extendió la costumbre de las tapaderas, mujeres de la buena sociedad que se mezclaban en las calles con la gente llana gracias a la magia de las máscaras. Los historiadores fijan esta costumbre como el antecedente de las famosas mascaritas de la sábana y el abanador que se hicieron habituales a principios del siglo XX. Las primeras décadas del siglo XX hacen evidente el atractivo de este Carnaval, lo cual contribuye al incremento en la llegada de turistas que había comenzado a finales del XIX. La prosperidad de los años veinte favorece esta celebración hasta el punto de que se crea, en 1925, el primer programa de las fiestas de Carnaval realizado por el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife. A partir de esa fecha, la Corporación municipal llevará las riendas oficiales de una fiesta que ya latía con el ritmo de la celebración popular. Esta década también marca el desarrollo de agrupaciones que van más allá de la máscara tradicional, como son las rondallas, comparsas, estudiantinas y murgas. También entonces comienza a avanzarse en el diseño de los disfraces, de manera que se evoluciona desde la máscara sencilla a disfraces de mayor calidad, que contribuyen a la aparición de los primeros concursos.
La Guerra Civil española y el posterior periodo de dictadura trunca estas celebraciones populares, que ya estaban profundamente arraigadas en la sociedad santacrucera. Precisamente este arraigo motiva que, a pesar de esta etapa de represión, los tinerfeños iniciaran fiestas clandestinas en la
intimidad de las casas. La fuerza popular de esta fiesta y la modificación de la realidad política y económica del país hizo que en 1961 se aceptara oficialmente la celebración del Carnaval bajo la denominación eufemística de Fiestas de Invierno y que en 1967 fuera declarado Fiesta de Interés Turístico Nacional. Con la llegada de la democracia, el Carnaval recupera su nombre e inicia su desarrollo como fiesta popular por excelencia de Santa Cruz de Tenerife hasta llegar a ser declarado, en 1980, Fiesta de Interés Turístico Internacional por la Secretaría de Estado para el Turismo.
Desde esas fechas, los grupos del Carnaval han mostrado al mundo las características de las fiestas de Santa Cruz de Tenerife. Este hecho, unido a la vistosidad y la alta calidad de sus concursos, cosos y conciertos, y a lo auténtico de su celebración en la calle, en la que se respira un ambiente de total seguridad bajo el más puro espíritu festivo, lo han convertido en el segundo Carnaval más popular y conocido internacionalmente, después del de Río de Janeiro, en Brasil.

IMPACTO ECONÓMICO

El Carnaval de Santa Cruz de Tenerife es, ante todo, una celebración popular que se ha vivido con profunda intensidad durante los siglos que ha formado parte de la historia de la ciudad. Sin embargo, este profundo arraigo no puede negar el indiscutible impacto económico que desde hace décadas ha supuesto esta tradición para la capital y para toda la isla de Tenerife. Ya en los últimos años del siglo XIX y principios del XX, la población de la capital se incrementaba durante la celebración de su Carnaval, con la llegada de turistas procedentes principalmente de Europa. A lo largo del siglo XX se fue consolidando una industria del Carnaval, que se afianza a medida que las posibilidades económicas y el apoyo institucional se van desarrollando. En la actualidad, alemanes, ingleses y escandinavos son los turistas extranjeros más numerosos en estas fiestas. El sector profesional de costureras y diseñadores, junto con los comercios textiles y de complementos, por un lado, y de restauración y turismo, por otro, son los que mueven un mayor volumen de negocio gracias a estas fiestas. No se puede minusvalorar el movimiento de capital que genera el Carnaval en Santa Cruz, como demuestran estos datos orientativos: El Carnaval de Santa Cruz de Tenerife mueve más dieciocho millones de euros.
Sólo en los hogares se mueven en torno a ocho millones de euros. De esta cuantía, 41.000 millones se gastan durante las salidas y el resto corresponde a los gastos efectuados en la adquisición de disfraces. El gasto habitual del ciudadano en las salidas de Carnaval y confección de disfraces se sitúa entre los 30 y los 60 euros. Los gastos de los trajes de reinas infantiles oscilan entre los 800 y los 3.000 euros. En el caso de la reina de la tercera edad, la cuantía se sitúa entre las 800 y los 6.000 euros, cifras que aumentan a 1.400 y 24.000 euros para la reina adulta.

PROGRAMACIÓN (FEBRERO – MARZO)

Se celebra en todos los pueblos y ciudades de la Isla, pero con mayor esplendor en Santa Cruz de Tenerife y en el Puerto de la Cruz.
Esta fiesta en Santa Cruz alcanza una identidad insular por el poder de atracción de que goza. Son muy numerosas las actividades que se programan por los respectivos ayuntamientos a través de sus comisiones de fiestas.
El carnaval se vive en la calle. La Plaza de España de Santa Cruz de Tenerife se decora y en ella se colocan numerosos ventorrillos, quioscos y churrerías que animan el recinto festivo con música. Tras ser elegida la reina del carnaval y su corte y la reina infantil se pasa a la cabalgata anunciadora del Carnaval.
La semana siguiente está llena de concursos de murgas, rondallas, comparsas, concursos de disfraces y desfile de coches antiguos. La gran apoteosis tiene lugar el martes de carnaval con el “coso” (cabalgata que comienza a media tarde).
El entierro de la sardina es otro ritual que se lleva a cabo en todas las localidades señaladas, si bien es en los Realejos, La Orotava y Puerto de la Cruz donde con mayor esplendor se celebra. En Santa Cruz de Tenerife se porta en procesión una pandorga con una enorme sardina colocada en un trono. Plañideras, hombres embarazados, viudas recorren las calles entre lágrimas y ataques de todo tipo.
Con la piñata chica, el sábado y domingo siguientes del martes de Carnaval acaban estas fiestas donde no faltan actuaciones, verbenas, desfiles y exhibiciones.

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